“Bilbainada” merecida para Querejeta… ¡Y la escriben en Vitoria!

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IMQ Noviembre

Es evidente que Juan Carlos Alonso es, de lejos, la mejor firma de opinión en El Correo. Hoy ha escrito sobre Josean Querejeta. Y su artículo es de los que hacen época.

Resumen perfectamente el sentir mayoritario, ese que muy pocos se atreven a exponer en público, por eso de las prudencias alavesas. Merece la pena leerlo sin dejarse una línea. Bilbainada total desde Vitoria. ¡Que ya era hora!

MotorGorbea – Noviembre

Artículo:

QUEREJETA: LE LLAMAN EL JEFE

No sé si conocen el cuento aquel del vendedor que tenía a la venta tres loros en su tienda de mascotas. Una mañana entra un cliente en el establecimiento interesado por adquirir una de aquellas aves.

– ¿Cuánto vale el loro pequeño? –pregunta al dependiente.

– Esta avecilla está tasada en 500 euros –le responde el probo tendero con amabilidad.

Sorprendido por el precio, y tras demandar más información, se le explica pormenorizadamente que el animal es educado hasta el extremo, no dice tacos, habla inglés y francés y se maneja en un alemán aseado. Además, resulta ideal para criarse al lado de niños en primaria o secundaria –le informan– y ayudar en su aprendizaje de idiomas.

-¿Cuanto vale el mediano entonces? –inquiere el potencial comprador.

– Este vale 5.000 euros, le aseguran, porque además de hablar cinco idiomas y una lengua muerta por haber sido criado en una parroquia preconciliar, conoce de historia universal, geografía e investigaciones espaciales. Domina prácticamente en su totalidad la Enciclopedia Británica. Y si tiene hijos cursando bachiller o incluso algún doctorando –le apuntan– es la perfecta compañía. Una referencia cultural y científica en permanente actualización.

Asombrado, el cliente mira al tercer loro, el más grande y a su vez el menos colorido, de aspecto desvencijado, con alguna pluma al bies y gesto de indiferencia.

–¿Y éste? –se pregunta en alto el comprador, señalándolo con su índice–. ¿Cuáles son sus habilidades y cuál su precio entonces?

El servicial vendedor le informa de que aquel lorito, pese a su particular aspecto, es el más caro de los tres.

– Su precio alcanza los 50.000 euros, señala. Y ello –dice adelantándose a las preguntas del cliente– a pesar de que no habla idiomas, de que su carácter es muy poco comunicativo y de ser mucho más reservado e introvertido que los otros dos.

– ¿Y a cuenta de qué, entonces, su precio es tan elevado? –inquiere intrigado el cliente. El vendedor le mira con displicencia y sentencia .

– Para serle franco, le diré que ignoro sus cualidades. Pero ha de saber que los demás le llaman “Jefe”.

Cada vez que oigo el cuento, con todos los respetos, y salvando plumas y distancias, me viene a la memoria nuestro querido Josean Querejeta (en adelante J.Q.), hombre fuerte del deporte de élite en nuestra ciudad. Porque si hay alguien que se ha ganado el apelativo de “The Boss”, “El Sheriff”, o como quieran que se llame al que parte la pana, es él.

No sé si J.Q. habla idiomas o tiene un saber enciclopédico, como los dos primeros loritos del sucedido. Pero es, sin ningún género de dudas, “El Jefe” del cotarro. En su haber, decir que supo transformar y sacar al Baskonia de la irrelevancia a la que un club de una ciudad de las dimensiones de Vitoria parecía destinado, situándolo por derecho propio entre la élite europea de la Euroleague, de la que ya no le echan ni con agua hirviendo.

Reinventa el equipo cada temporada y, así, año tras año, renace nuevamente para sorpresa de propios y extraños. Y pese a que éste llevaba unos años de crisis en que pareció languidecer –como el país mismo–, de repente, inopinadamente, volvió a brillar con luz propia y a llenar de aficionados un pabellón hiperbólico que se ha quedado pequeño en la recién celebrada final de Copa.

En lo que respecta al Deportivo Alavés, digamos que la comparación con el milagro de la resurrección de Lázaro se queda corta. Porque la última década del Glorioso –año arriba, año abajo–, fue tremebunda. En aquellos días, los partidos de máxima rivalidad se jugaban contra el Mirandés, el River o el Bilbao Athletic que, para colmo, nos sacaban los colores de vez en cuando. Sus arcas criaban telarañas y las gradas aparecían apenas ocupadas por un puñado de irreductibles.

Entonces llegó ese al que los demás llaman “El Jefe”. J. Q. se hizo con las riendas de un club que amenazaba ruina y disolución, y hoy estamos ante una final de la Copa del Rey contra todo un Barça, cómodamente asentados en la mitad de la tabla de la Liga de las Estrellas.

El proceso ha sido meteórico, y “El Jefe” se ha ganado el reconocimiento de muchos de los que recibieron su acceso al club con aceradas puyas dialécticas. Porque aquí somos más de recibir con los brazos abiertos a gentuza como el Dimitri. Que manda güevos.

Así que, pese a no haber disputado el Baskonia la final copera, y gane o pierda el Glorioso la suya, habrá que reconocer que “El Jefe” no pasa inadvertido, ni gusta de jugar a pequeña. Y, o bien tiene una flor en el culo, cosa que no es descartable, o un par de cosas claras en sendos tinglados –el basket o el balompié–. Que en ambos se lidia con un objeto redondo y escurridizo que si entra en la red te lleva al cielo y, si no, te conduce irremisiblemente a las calderas de Pedro Botero. Así que entonemos juntos: “Jota Qué (J.Q.) Irabazi arte”.

Baskonia – Gipuzkoa

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